Lo que no sabía en mi sueño es que cuál signo iba redactar ni que este correspondería con Géminis —siendo el requete último de la serie ¡y que por cerramos el círculo!
Ya sólo faltaría encuadernar los doce especiales y hacer un libro (algo, por cierto, muy Géminis también).
Comparado con el especial de Tauro, que me supuso mucho calentamiento de cabeza, Géminis lo tenía medio claro desde el principio: existe una leyenda o mito dentro del Popol Vuh —texto básico de la cosmogonía maya y conocido también como Libro del Consejo— cuyos principales protagonistas son unos héroes gemelos ^^.
Además, me apetecía aprovechar y rendirle tributo a unas amigos guatemaltecos, sobre todo a Douglas (un Tauro con el Marte, regente del Ascendente en Géminis), que es a quien le debo el primer contacto con el Popol Vuh y con buena parte de sus historias.
Eso por un lado: esa certeza de que este texto sobre Géminis versaría sobre la leyenda de Hunahpú e Ixbalanqué (que vaya telita con los nombres, ¿no?).
Pero como Géminis es doble y dubitativo y a mí me gusta abrazar esta idea romántica de que me mimetizo con cada especial y su arquetipo, me puse a darle otro par de vueltas más al asunto y pensé:
- Si Géminis es signo doble, ¿por qué no presentar dos historias en lugar de una?
- Y como en mi sueño o en esta especie de déjà vu, yo escribía el artículo viajando, y ahora ando de paseo por India, ¿por qué no localizar de paso un mito hindú y geminiano?
¡Pues eso he hecho! ¡Traerte dos mitos!
Pero antes, y como siempre, un pequeño repasito a Géminis o un recordatorio de que tenemos a un signo masculino —o sea, que actúa, que se impone, que no espera—, de aire —que de hecho es también una cualidad masculina, una combinación de calor y humedad y relacionada con la curiosidad, la simpatía, el pensamiento, la lógica— y encima es mutable —o sea, todo el rato dudando, buscando el término medio, flexible, y oscilando entre el arrojo independiente de los cardinales y la cabezonería y resistencia de los signos fijos.
Añádele que su domicilio es Mercurio —signo de la comunicación, el cambiar las cosas de sitio, las transacciones, los libros una vez más ^^, los jóvenes y la mente— (y que su exilio está en Júpiter: o sea, moral = cero) y ya tienes más o menos el paquete que conforma a este signo tan, tan, tan escurridizo, astuto, ágil y mucho más complejo y ansioso de lo que te imaginas.
Habiendo entendido un poco a Géminis (que siempre puedes contemplarlo con este especial suyo genialísimo o aprendiendo en alguno de mis cursos de La Escuela Cósmica), pasemos a ver las leyendas.
Hunahpú e Ixbalanqué
(Los Héroes Gemelos del Popol Vuh)
En realidad, muy a menudo, cuando encontremos a gemelos o mellizos —ya sea en la vida real, o en una historia— el mito de Géminis, con su energía y sus travesuras, suele estar por ahí pululando. Aquí se trata de unos gemelos y héroes mayas (pero lo mismo podía haber construido este especial usando a los famosos Castor y Pólux; o a Rómulo y Remo, o a Manu y Yemo, mitos todos basados en gemelos).
Lo interesante con la historia de Hunahpú e Ixbalanqué es que ambos son super protagonistas dentro Popol Vuh: estamos hablando de uno de los relatos mitológicos más antiguos y preservados casi al completo. O sea, el mito es viejo de coj*ones. Y un imperdible para entender la cultura maya.
¿Qué me gusta de este mito tan Géminis?
Pues, para empezar, me encanta que estos gemelos pierdan a su padre y a su tío antes de nacer cuando estos son asesinados durante un juego de pelota por los dioses del Inframundo. Y ojo, no es que me guste el momento el homicidio doble: pero fíjate que ya desde el principio el texto apunta a lo geminiano. A lo dual, a los parientes cercanos, y al juego de la pelota maya, antecedente del fútbol.
De manera que tenemos al padre y a su hermano asesinados —Sol en Géminis— y a unos gemelos que nacen después y a través de una historia muy rocambolesca: El padre se transforma en árbol y escupirá la savia en la mano [Géminis de nuevo] de la diosa Ixquic, dejándola, así, mbarazada.
Y, como de tal palo, tal astilla —otra vez reminiscencias del Sol significador del padre—resulta que Hunahpú e Ixbalanqué también son unos mega peloteros: rápidos, astutos, capaces de mover la pelota de un campo a otro y así todo super Mercurio. Y hasta. aquí la historia transcurre medio pacífica. Pero entonces regresan los Dioses del Inframundo —siempre tan cabrones— que al enterarse de la fama y destreza de los hermanos, los invitan a Xibalbá, o sea, al mundo subterráneo donde sólo existe enfermedad y muerte. Y fíjate: los invitan a echarse un partido. A jugar.
Los Gemelos —más listos que el hambre— saben que se trata de una trampa; pero aún así, acceden y viajan al otro lado (esta idea del otro lado o la dualidad también puede ser considerada).
Y lo harán mejor que el padre y el tío: se las apañan, con un montón de astucia y lógica, se para superar todas las pruebas (y juegos y acertijos) a los que les someten los cabrones de ahí abajo.
Eso sí, en algún momento, Hunahpú e Ixbalanqué comprenden que, por muy sagaces y rápidos que sean, no van a poder derrotar a los Dioses del Inframundo.
¿Y qué hacen entonces?
Se adelantan a la derrota y fingen sacrificio: eso sí, antes hablan con dos sabios y les dan instrucciones sobre cómo moler sus huesos y arrojarlos a un río. De esta manera, resucitan unos días después disfrazados de bailarines y artistas errantes y regresan a Xibalbá con extraordinarios trucos de magia que dejan medio k.o. a los Señores del Inframundo
(Y a mí me encanta este momento artista callejero, Arcano I del Tarot, Le Bateleur, pero tan, tan, tan mercurial).
Así que los Gemelos encantan y seducen con sus trucos y los malotes lo flipan tanto que les piden que realicen su mejor truco: en este caso les piden un acto sacrificio y resurrección con uno de sus miembros. Hunahpú e Ixbalanqué, siempre disfrazados, acceden. ¿Pero qué es lo que hacen? Pues sacrificar al Capo Malote, al más malo de los malos, pero ¡por supuesto que no lo resucitan! Así, habiendo engañado, timado, estafado a los Señores del Inframundo, consiguen derrotarlos. Olé por ello.
Satisfechos de haber vengado a sus ancestros —aunque la venganza no es muy geminiana— Hunahpú e Ixbalanqué ascienden al cielo y se transforman en el Sol y en la Luna (otra dualidad, by the way). Y colorín colorado…
¡Ah, no, que tenemos otro mito! Venga, va, te lo cuento —y desde la India. Desde la fuente.
Los Jinetes Gemelos o Los Ashvins
(del Rigveda, mitología védica).
Aquí tenemos otra vez unos gemelos.
Los Ashvins, a veces, van montados a caballo… o a veces, ellos son los caballos —de hecho, son hijos de una madre y un padre que se transformaron en yegua y semental; pero bueno, tú sabes que, en los mitos y por f*ollar, los dioses se transforman en cualquier cosa.
Lo digo porque el caballo per se es jupiterino, es muy de Sagi y, esto, de Géminis, nanay…
Pero… sí pensamos en en la versión que los representa como jinetes (y sobre todo, en la representación de ambos en un carro) pues ahí sí tenemos a dos figuras rápidas, inseparables —siempre aparecen en pareja— y hasta conectadas con el elemento aire que en Géminis, por ser signo mutable, es el más veloz, el que nunca para quieto.
Los Ashvins son deidades hindúes menores y aparecen en el Rigveda —es uno de los textos fundacionales del hinduismo— y —aquí otra vez la dualidad de Géminis— simbolizan el brillo del amanecer y del atardecer.
Mola, ¿verdad?
Además se les considera “médicos divinos” —esto quizá engancharían más con el Centauro Quirón— y sus aventuras aparecen en el Rigveda llevándolos veloces de un lado para otro y salvando a gente. O sea, sonunos super héroes Géminis y de muy buena voluntad. Un Júpiter en Géminis reforzado. Y otra vez más listos que el hambre.
En la historia de la Vishpala, la guerrera herida, se nos cuenta cómo esta mujer (a veces también se la representa como caballo), perdió una pierna durante una contienda y ahí estaba en el campo de batalla a merced de los enemigos.
Los Gemelos Ashvins acudieron a su ayuda en su super carro volador —fíjate de nuevo el elemento aire, alado, como las zapatillas voladoras de Hermes / Mercurio— y gracias a sus conocimientos e ingenio, decidieron no curar la herida, sino que le suplantaron a Vishpalā una pierna de hierro —aquí ya está Marte, por el hierro, pero nadie es perfecto :-).
Y poco más: Vishpalā ganó su batalla (y todo gracias a las habilidades manuales y la capacidad de invención y sabiduría de nuestros jinetitos; que por cierto tienen un montón de aventuras más, cual serie de dibujos animados infatil, dentro del extenso corpus del Rigveda).
***
Espero que disfrutaras con estas dos historias. Y también y sobre todo me va a encantar si te ayudan un poco a reconocer esta energía geminiana a tu alrededor.
Puede ser viendo una peli, observando a la gente, escuchando una canción, leyendo un libro o asomándote a tu carta natal.
Allá donde veas hermanos, donde veas gemelos, donde veas a gente moviéndose de un lado para otro (como los Ashvins en su carro alado), donde veas que se cambian las cosas de sitio, se reemplazan, se cambia de escenario, se tiene un contrapunto, un alter ego, se escriben libros, se llega al pueblo a hacer a vender ilusiones (como Hunahpú e Ixbalanqué), se tiene habilidad manual, se habla y mucho, se juega, se cuentan chistes y acertijos,… por allí es muy probable que esté la energía de Mercurio y la energía de Géminis.
Y ahora sí, oficialmente podemos dar por terminada esta serie de especiales sobre los signos del zodíaco y su simbología en mitos, en folclore y en cuentos de hadas.
Namasté.
***
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Puedes repasar los otros especiales —leérselos a tus niños; a tus alumnos; a tus papis; o simplemente divertirte y aprender— aquí encuentras los otros enlaces: Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpio, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis, Aries y Tauro.
Habrás notado que tengo cierta vocación escritora y otra manera de ayudarme y cooperar comprando mi primer libro de ficción, Un 24, de Ediciones Franz. Prometo dedicártelo cuando nos conozcamos en persona. También lo tienes en varias librerías en España y Berlín. Y ya viajaron ejemplares a Francia, Colombia ¡y Australia!
Más cosas. Otra forma de ayudar — y de ayudarte, obvio, es solicitándome una lectura de la carta astral (ya sea astropsicológica como predictiva, una revolución solar, y otro montón de técnicas que practico desde primarias, simbólicas, secundarias, profecciones, señores del tiempo… para que le demos bien al clavo a tu tema). O una lectura de Tarot.
Y finalmente, si quieres aprender, siempre puedes anotarte a alguno de mis cursos de Astrología de La Escuela Cósmica.
Aquí te dejo la página de la Escuela Cósmica.
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Gracias miles, trillonescas, y ahoi, ahoi,
Emilio





¿Y el librito con todos los cuentos? ¡Y queremos vídeo con esos niñes a quienes bailas y cantas!
A ver si lo preparo. Es que no me da tiempo a hacerlo todo!