Soy Emilio, astrólogo profesional, y te ayudo a hacerle cosquillas al cosmos…

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Leo: un cuento sobre el arquetipo.

Con la cercanía de la Luna Nueva vamos a meterle mano al signo donde el Sol se domicilia; significador de dirigentes, de centralización, de oro, del corazón, de los ojos, fama, gloria y hasta la limpieza. O sea, Leo y un cuento sobre el arquetipo.

Ago. 2024

Resumiendo:

El artículo que publiqué sobre Cáncer tuvo tan buena aceptación, y aprovechando que el otro día repetíamos akelarre, estrenábamos nueva baraja de cartas… ¡y que además vamos camino de la Luna Nueva en Leo, novilunio, novilunio!, pues acabé por pedirle a mi querida Vero más datos y bibliografía sobre su taller del lenguaje simbólico en el tarot y su paralelismo con la Astrología y cuentos.

Así que aquí me tienes, una vez más, y en esta ocasión para meterle mano al signo donde el Sol se domicilia; significador de dirigentes, de centralización, de oro, del corazón, de los ojos, fama, gloria y hasta la limpieza.

Vamos, que estoy hablando de Leo.

Y como no podía ser de otra cosa, nos vamos a encontrar con un cuento —de hecho, con dos — cuya figura central, no podía ser otra, es un rey. 

Antes de continuar, quiero hacer un par de indicaciones que creo que quedaron claras en el especial sobre Cáncer pero que no viene mal repetirlas: estamos trabajando con símbolos, con magia, estamos especulando un poco, y también narramos.

Lo digo porque adoro contar historias, me interesa la mitología, leo con desesperación —y escribo todavía con más desgarro. Me encanta enfrentarme a un texto y darle la vuelta a sus posibles significados y perlas escondidas, pero quedarnos solo en este nivel cuando practicamos Astrología y analizamos una carta natal sería una aproximación muy, muy, muy pobre.

Por no decir, que no siempre hay equivalencia entre el mito griego o romano que nos venden —y el astrológico y sus equivalencias planetaria.

Así que tómate estos artículos como divertimentos, como maneras de juguetear con el pensamiento intuitivo y mágico, como cultura popular; y es que a quién no le gusta que le cuenten historias (¿por cierto, ya leíste Un 24?).

***

Para el signo de Leo, mi querida Vero me pasó dos cuentos que ni al dedillo. Uno, lo mismo te pasa como a mí, ya lo conocías: El traje nuevo del emperador. 

El otro no lo había escuchado jamás y es el que voy a compartirte.

Se llama El rey orgulloso —y estuve investigándolo por Internet y es una movida porque aparece en varios enlaces de páginas cristianas —al menos, en español—. O sea, que el cuento tiene un tono moralista que ni te imaginas.

Tiene sentido, pues el Sol, per se, además de dirigente, rey, monarca,  puede ser también papa, sacerdote, padre de iglesia, divinidad, verdad y cátedra. Un así es cómo se hacen las cosas bien

Pero venga, vamos con el cuento:

Todo empieza con el nacimiento de este rey, que recién venido al mundo, llegan las hadas y le conceden diferentes cualidades, algunas más virtudes… otras, no tantas. Entre ellas, una de las hadas le pronostica un Serás tan orgulloso como un pavo real.

A partir de ahí, el chaval va creciendo, fuerte, sano, bello pero de un orgulloso que te cagas. Vamos, que se le va un poco la olla. Se filma: se vuelve super prepotente y se cree ya el tipo más poderoso del planeta.

Hasta el punto de que, con la muerte de su padre, y coronado ya rey, su orgullo ya es insoportable. Le da por pasearse por el palacio —o en reuniones con otros monarcas de la región— y repetir que no hay nadie más rey que él; que es tan rey, tan, tan, tan rey, que incluso si un desconocido se paseara en pijama delante de un desconocido, este en seguida reconocería su realeza.

Claro, en una de estas que está de subidón, un hada muy punk que rondaba por el castillo lo escucha y le dice:

— Mira, querido, no seas chorra que ya das un montón de cringe. Déjame que te quite la tontería levantando el conjuro que te soltó aquella dirty hada por tu nacimiento. Sin tus ropajes lujosos, nadie dará ni un duro por ti y pienso demostrártelo en menos de una semana. ¿Que lo consigo? Te bajas del pedestal del orgullo y reconoces tu equivocación. ¿Que no? Me cortas la cabeza y tan felices.

El rey, bien seguro de sí mismo, aceptó la apuesta.

Así, pasan un par de días y a nuestro rey le entran ganas de darse un baño en un lago cercano al palacio. Lo llevan en su carroza, se despelota y queda con un bañadorcito minúsculo y se mete en el agua a echarse unos largos. Y aquí es justo cuando se pone gracioso: y es que el hada, toda traviesa, vuelve al rey invisible, adquiere la figura de este, se pone sus ropas y se deja llevar en la carroza de vuelta al palacio.

Por supuesto, el otro no se da cuenta. Cuando finalmente sale del lago, descubre que ni tiene ropas que ponerse… ¡y la carroza se ha largado!

A partir de ahí, el cuento se recrea en todas las desdichas del rey de camino a la ciudad amurallada y dentro. Primero empieza a congelarse porque el sol se está poniendo, los pies se le llenan de astillas; se enfrenta a los guardianes de las torres (¡¡Dejadme pasar, que soy vuestro rey!!), estos lo toman por loco, lo llevan a una sala a golpearlo y consigue escaparse; corriendo por la ciudad entre gritos y desesperación, los habitantes se burlan de él y le tiran huevos podridos… ¡un desastre!

Hasta que alcanza la puerta del castillo y sigue insistiendo en que él es el rey. En un intento desesperado, se pone a nombrar a todos sus sirvientes, con sus físicos y costumbres. Pero nada:

— Déjelo ya, buen hombre. El rey lleva horas sentado en el trono —alguien le responde.

Da tanta pena mirarlo desvalido, en bolas, pestoso, cubierto de cáscaras de huevos que alguien le tiende una tela de saco para que se cubra. Y entonces el rey, por fin, ata cabos y se da cuenta de que todo forma parte de la apuesta con el hada.

— Es cierto —grita—, tienes razón, no soy nadie sin mis ropas.

Claro, el hada surge a su lado, pone orden y le devuelve sus ropas. Y el rey, arrepentido —arrepentidísimo— promete sacudirse ese orgullo vicioso que tenía, así como cualquier resto de soberbia y vanidad.

Y además —esto me mola mucho del cuento— perdona a todos los que lo han puteado durante esas últimas horas, insultándolo, golpeándolo y tirándole huevos, ya que le han ayudado a darse cuenta de sus errores y a ser un rey mejor.

De hecho, el rey decide colmar de regalos al hada pero esta le responde:

— Con ver las caritas agradecidas y felices de tus súbditos gracias a tu reinado sabio y justo, tengo más que suficiente.

***

¿Comentarios?

Bueno, son muy sencillos, ¿no?

El cuento tiene a una figura solar y leonina a quien se le va la olla de prepotente —un tema que puede ser muy de este signo del zodiaco— pero es que además tiende A DAR POR SENTADO.

Y esto es muy Leo también.

Es decir: vale, la historia —o tu carta natal, desde un punto de vista astrológico— te coloca en una posición de mando —en este caso, por ser heredero de un trono y, curiosamente, por vínculo paterno, que sería algo también solar— pero, claro, esto no implica que ya tengas las características de un gran gobernador.

Al contrario; o dicho de otra manera: esa posición implica una responsabilidad y una obligación y te la tienes que currar: tienes que desarrollar las cualidades propias de un dirigente que implican justicia, sabiduría, autoridad, perdón, generosidad, magnamidad. Te las tienes que merecer.

De hecho, esta configuración —por Sol o incluso más por el Ascendente o por la Luna— es muy habitual en hijos o hijas largamente anhelados. Pueden ser primogénitos —aunque esto también es un asunto ariano— pero también y sobre todo se trata de aquellos que nacen después de mucho tiempo sin tener hijos. Claro, llegan y se convierten en los reyes y reinas de la casa simplemente por su posición en el árbol genealógico.

O lo mismo sucede con nativos o nativas que por el mero hecho de haber nacido en tal o cual familia, ser hijos de —normalmente por raíz paterna pero no siempre— tal persona de estatus, poder, reconocimiento o brillo, automáticamente heredan esta condición. De acuerdo: se te ha dado este papel. Pero ahora te lo tienes que aprender y aprender bien.

Además, de acuerdo con este cuento —que ya ves toda la moralina que trae— al signo de Leo, a tu casa Leo, a tus planetas leoncios, les corresponde atravesar algún tipo de flojera o bajonazo de autoridad, un golpe de humillación, de rechazo, de eclipse que los reordene y les enseñe a brillar en condiciones. En este caso, llega el hada, con la apuesta, le pone la vida patas arriba al protagonista y le acaba bajando los humos a base de huevazos, insultos y vergüenzas.

Quiero añadir, aparte, que hay un tema con Leo —como con todo signo fijo— que tiene que ver con la cabezonería. Esta fijeza, por supuesto, es toda una maravilla para sostener situaciones a largo plazo y producir y manufacturar. Pero… por otro lado, al tratarse de un signo egoíco (ya que es de fuego) a veces puede derivar en inmovilización y en certezas paralizantes: algo así como un como aquí ya soy bueno, como asumo que esto lo hago bien, o que incluso lo hago super bien, pues para qué voy a explorarlo más… 

Finalmente, comentaba antes arriba que hay algo que me gusta mucho de la historia y es que el rey, a pesar de las putadas que padece, acaba perdonando a todos los súbditos. Decía mi maestra que si nuestros presidentes fueran de Leo de los de verdad, poca guerra habría. Y es que hay algo muy benévolo, paternal y cuidadoso en este signo que —desde un punto de vista muy ideal o puro— lo que hace es bombear vida, calor, energía al resto del sistema.

Quédate entonces también con esto: creo que a veces nos clavamos mucho en el egocentrismo y la arrogancia leoninas pero podíamos darle la vuelta y apreciar esa generosidad alegre, optimista y veraniega que destila.

Y aquí la broma última:

En el cuento original, por supuesto que el hada no es tan punk, pero ¿no mola imaginársela como contrapunto acuariano, con el pelo morado, flacucha, queer, tatuada y a veces defensora del veganismo como otras poniéndose hasta arriba de jamón de pata negra?

Imagen de talpeanu en Pixabay

4 Comentarios

  1. Jajaja, muy bien descritos esos Leos. Yo estoy rodeada, para lo bueno y lo malo ya que lo tengo interceptado en la siete…desde mi maravilloso marido leonino como el solo, con sol, luna y Saturno allí, hasta mi jefa de ascendente, horrorosa (la llamo porque yo lo valgo) buenos amigos y archienemigos… Será cosa de la siete, que además está Júpiter y creo que lo agranda. Me ha gustado mucho el detalle de lo generosos…algunos.

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    • Jaja, esa casa 7 bien mucho jugo, por lo que veo. Sí, de entrada TODO EL MUNDO, en el sentido de cualquier persona que tengamos delante, se ve por esa casa opuesta al Ascendente. El fuego es un elemento que expande, influye, calienta —y a veces abrasa— y en esto también proporciona generosidad.

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  2. Hola, muchísimas gracias te sigo hace tiempo me.encanta l forma como presentas todo soy de chile leo por cierto de el 11 de agosto y me encantó el cuento maravilloso y tmbn creo que es así yo me río cuando hablan de el egocentrismo y egoísmo de leo cuando digo que lo soy por que ando siempre poniéndome al último par yudar a brillar a otros así me siento vibrar y brillar yo tmbn un abrazo amigo y gracias nuevamente

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    • Claro, Valeria. Por supuesto, dependerá mucho de todo el resto de tu carta. Esto artículos son pequeños ejercicios pseudo literarios y cósmicos. Como siempre, tu carta al completo es la que te dará más pistas de tu destino, personalidad, salud, relaciones y el resto.

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