De hecho, hoy la felicidad es como doble o triple. Te cuento por qué:
— primero, porque va a venir que de perillas que aprendas sobre este signo a puertas que estamos del próximo eclipse solar en Libra (una Luna nueva, novilunio / novilunio, eclipsadísima).
— segundo, porque esta serie parte de unas conversaciones con mi amiga Vero y unos cursos que hizo y sus lecturas y sus cariños. Como es una libriana, que cumple además muy prontito, va por ella también con ternura extra y guateque, el especial.
— finalmente, porque con este conformaríamos ya 4 especiales: Cáncer, Leo, Virgo y Libra (algo así como una suerte de ciclo): empezamos con un signo cardinal y cerramos con otro cardinal. Y porque ya tendríamos los cuatro elementos: agua, fuego, tierra y aire cubiertos.
Ojo, que la serie no se acaba. La serie continúa. Nos toca dar la vuelta a todo el horóscopo, ¿no?
Si la estás disfrutando, recuerda por fa que puedes compartirme, opinarme,etc.
Y si además quieres apoyar mi gusto por las estrellas y la literatura —y cooperar con este proyecto—, siempre puedes regalarte o regala Un 24, de Ediciones Franz:
Se trata de mi primera publicación de ficción, una colección de 8 cuentos que, de momento, está —estamos, porque meto aquí a mi preciosa editorial— entre los 10 mejores libros de relatos publicados en España en este pasado año. Prometo dedicártelo cuando nos conozcamos en persona.
Y ahora, pasemos a Libra y un cuento sobre este arquetipo.
He decir que estoy bastante fascinado por las conversaciones con Vero y con el cuento que me presentó porque no tenía ni-pu-ñe-te-ra idea de este relato (de los Hermanos Grimm, en seguida lo verás) y me parece que tiene una especie de tensión, de dialéctica, de jugueteo, de flirteo muy Libra (pero a la vez complejo, que es algo también que siempre subrayo cuando trabajo con este signo: Libra no es un signo sencillo y si no, prueba a leer este otro especial).
Para empezar, el cuento no es tan popular en español —nada que ver en el folclore inglés o alemán— aunque lo mismo puedes relacionarlo con el Piel de asno de Perrault. Entre sus títulos dispares se le conoce como El abrigo de mil pieles, Bestia Peluda, Todo-Tipo-de-Pieles o Milpieles.
A mi me encanta Milpieles, y es con el que nos vamos a quedar (del inglés Thousandfurs, y a su vez de los Hermanos Grimm Allerleirauh). Te lo narro en seguida y quiero que prestes atención desde YA a estos temas de la historia que se relacionan con el arquetipo de Libra:
— sagacidad, astucia.
— flirteo.
— búsqueda de pareja / coqueteo / tensión entre opuestos.
— belleza y diversión y eventos públicos.
En realidad, muchos de estos temas son comunes en los cuentos de hadas. Por no hablar de que casi nunca falta la típica historia de amor y búsqueda del ideal entre príncipes y princesas. Pero de verdad que esta especie de forcejeo medio erótico de la historia (que conecta muy bien con el eje Aries/Libra) son un caramelito.
Total, vamos con Milpieles.
Como casi no podía ser de otra manera, tenemos a un rey y reina —ella preciosa (recuerda, Libra es la belleza y la armonía)— pero a punto de palmarla. Y nada: ella le hace prometer a su marido que sólo se casaría con alguien que fuera tan hermosa como ella.
El rey se lo promete y la reina entrega la cuchara, aka. estira la pata, aka. ciao, ciao, pescao.
Total, el rey, el pobrecito, se pasa los años sin encontrar compañera. Entonces sucede algo que es super creepy y genial y Buñuelesco, que es que, conforme su hija va creciendo y redondeando curvas, el rey se da cuenta de que es la única que compite en belleza con su difunta esposa. Vamos, que se enamora de su propia hija —WTF?!?!— y se decide a casarla.
(No eran tan cuentito de hadas estas historias, si lo piensas —y de hecho, no faltan tramas donde un rey viejuno quiere arrimarle la cebolleta a su hija la teenager. Incestos hasta en la sopa).
La hija, la princesa, horrorizada, le exige como condición al padre (en un intento por retrasar la boda) que antes tiene que proporcionarle tres vestidos: uno tan dorado como el Sol; otro tan plateado como la Luna; y uno último que deslumbre y titile tanto como las estrellas.
Además —la táctica es ponérselo lo más difícil posible y quitarle las pamplinas—, exige un abrigo hecho con las pieles de todos los animales y pájaros del reinado.
Lo que sucede, sin embargo, es que el rey, el muy cabroncete, se las apaña para cumplir los encargos. Así que la princesa huye. Eso sí, se lleva sus tres vestidos geniales —recuerda la importancia de la moda, la estética, lo plástico en Libra—, el abrigo de todas las pieles y además tres objetos un tanto particulares que bien merecen un análisis aparte (un anillo, un huso y un carrete, todos de oro o dorados).
Fuera del castillo, la princesa pasa la primera noche durmiendo en un bosque, protegida en el hueco de un tronco y con el abrigo encima. Cuando a la mañana siguiente, unos cazadores de otro reinado la encuentran, deciden llevarla al castillo de su señor: en plan mira qué animal extraño hemos descubierto.
La princesa allí cuenta la milonga de que no tiene madre ni padre, que es más pobre que las piedras y que necesita ayuda y amparo.
— Pues a la cocina— le dicen.
Y allí se pone a currar, bautizada, a falta de nombre, como Milpieles.
La historia entonces, empieza a ponerse coqueta. De vez en cuando se celebran en el castillo unos bailes espectaculares —Libra, y más Libra— y Milpieles, en una de estas, le pide permiso al cocinero, con quien comparte fogón, para ir a fisgonear un poco.
Lo que hace es presentarse en el mega salón con su vestido dorado como el Sol —se convierte en la admiración de toda la fiesta, en plan: la más genial de todas del mundo mundial y el rey, que le pide echarse unos bailes, se queda prendado con ella.
Pero vamos, que Milpieles se escapa cuando se le acaba el tiempo, ni se despide, vuelve a su abrigo de mil pieles y a pringarse en la cocina.
Ahí no queda la cosa. A la mañana siguiente el cocinero tiene no sé qué compromisos y le toca a ella prepararle la sopa al rey. Milpieles no mira vídeos en Tiktok pero se las apaña para preparar un plato super top. Además hace algo muy genial o muy loco y es que dentro del plato del rey, coloca su anillo dorado.
El rey afirma que no ha probado una sopa más deliciosa en su vida. Además pregunta quién ha puesto ese anillo dentro. Primero, llama al cocinero. Después a Milpieles: ambos niegan tener algo que ver. Eso sí, el cocinero le revela que la sopa la ha preparado ella.
Ya están los mecanismo de seducción preparados, y es sólo cuestión de tensar y destensar los hilos (Libra al poder). O lo que es lo mismo, se celebra otro baile en el castillo y esta vez Milpieles se pone su vestido tan plateado como la Luna, enamora de nuevo a todos en el evento y en especial al rey, con quien se echa otro meneo de caderas, bachatas sensuales y kizombas.
Además, le prepara una super sopa, le oculta en el plato el huso dorado. Y cuando este, más adelante, la interroga insiste en que no tiene ni idea de dónde ha salido.
La historia finaliza con el tercer baile.
Milpieles se pone su último vestido, el que deslumbra y titila cual estrellas. Pero esta vez el rey es muy listo: mientras bailan, le desliza un anillo en el dedo sin que ella se dé cuenta. Además, cosas de los cuentos de hadas que pervierten el tiempo como les da la gana o como en los sueños, de pronto Milpieles que llevarle la sopa al rey. Se ha largado del baile, anda justa de tiempo, le ha metido el carrete dorado en el plato y apenas se ha puesto el abrigo de mil pieles encima sin quitarse el otro vestido.
— Aquí tiene su sopa —le dice al rey.
Este encuentra el carrete en seguida en el plato, no le quita ojo al dedo de ella —todavía con el anillo— y entonces tira del abrigo de mil pieles y debajo aparece el vestido cósmico y estelar.
— Qué tunanta estás hecha. Y qué bonita y disfrutona que te siento.
— A ver, que tengo stellium en Libra —le responde ella.
Y colorín, colorado, boda y demás.
***
¿No te parece divertidísimo? A mí, desde luego, sí.
Ahora vamos a hablar un poquito sobre algo que me encanta de esta historia y que, vale, lo mismo, una vez más lo puedes enganchar con otros cuentos, pero me interesa llevarlo a mi terreno astrológico y a esas complejidades de Libra: signo, por un lado, con un regente blandito y femenino, Venus; pero con una exaltación mucho más seca o masculina; y además con un componente cardinal (o sea, muy yang).
Encuentro a Milpieles (o Allerleirauh) muy super cardinal y heroína.
Inteligente como ella sola —que es algo propio de los signos de aire— pero además ese punto de, no quiero llamarlo conspirador, pero sí de mover hilos y fichas para que las cosas salgan a su manera (te aconsejo revisitar al personaje de la reina en el cuento de La princesa y el guisante de Virgo).
Para empezar, Milpieles se las ingenia para pedir esos tres vestidos preciosos y geniales —recuerda, porfa, que la belleza y armonía física son un valor muy top dentro del arquetipo de Libra— y hay aquí algo super bonito con esos tres vestidos conectados con el Sol, Libra y las Estrellas que me recuerdan a unos versos del Mahabharata, permíteme la disgresión cósmico-poética:
“Tú eres la luna, el sol con todas las estrellas y planetas, y la atmósfera que llena el espacio. Tú eres la Estrella Polar, la constelación de los siete Rishis y los siete mundos comenzando con la tierra. Tú eres el mar de causas y la inteligencia universal. Tú eres lo no desarrollado y todo este mundo. Tú eres el universo desde Brahma hasta la más pequeña brizna de hierba. Tú eres el principio y la primera causa de todos los seres..”.
Como si no sólo pidiese ayuda plástica o artística, sino también cósmica. Y luego súmale que pide un vestido de mil pieles de animales: que funciona también como un talismán de lo terrenal, en eterno equilibrio (Libra, total).
De esa manera, Milpieles (o Allerleirauh) se las apaña para ir combinando ambos vestidos en ese ir y venir, casi geminiano por momentos: y oculta o revela, según sus intereses, su propia belleza y encantos.
Además, los vestidos la permiten participar en los bailes— Libra es el signo de las fiestas, los eventos, los vernissages, los museos, exhibiciones… los encuentros sociales y el saber estar. Y se mueve en estos ambientes como pez en el agua o como gran embajadora o futura reina.
Finalmente, algunos autores relacionan a Libra con lo económico (de hecho, su cuarta del año se usa para estudiar la economía mundial) y esto no es tanto por su domicilio, Venus, como por su exaltación, Saturno: que no es planeta de abundancia pero sí de normas y, junto con Júpiter, de las factores sociales que nos determinan en ciclos mayores (de veinte años; o de doscientos).
Y me parece que Milpieles, escondiendo esos objetos de valor —el anillo, el huso, el carrete— en la sopa, pareciera conocer al dedillo las bambalinas de la realidad social, política y económica así como el funcionamiento del matrimonio, etiquetas, apariencias y trámites necesarios que sí o sí hay que sortear en este mundo.
O sea, una vez más: una Libra de pies a cabeza (o de balanza a balanza).





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