O las primeras impresiones

de un fin de semana cósmico

en mi ciudad natal.

Tengo en algún lugar en mi casa un post it con una frase atribuida a Ray Bradbury, el autor de Crónicas marcianas, que dice You fail only if you stop writing. O sea, que fracasas sólo cuando dejas de escribir.

Y como hace más de una semana del Congreso Ibérico de Astrología, llevo unos días delirantes y mi memoria tiende a la malformación, voy a ampararme en esta frase motivadora y a arrancar con una crónica —aunque sea del primer día— sobre cómo viví el evento y antes de que la cabeza se me pierda por otros menesteres.

Allá voy.

Los dos primeros talleres del viernes me los pierdo. Es lo que tiene volar desde Alemania, que llegas con la hora justa, mi tía me recoge, mi madre me recibe preparando cazuela de fideos, plato que adoro.

De ahí es vaciar una cafetera, un par de besos, más abrazos y corriendo para el Congreso que se celebra en el hotel NH: cuatro estrellas en pleno centro de Málaga; o franqueándolo pues está del otro lado del cauce del Guadalmedina.

—¿Pero tú has visto el río lleno alguna vez? —me preguntará alguien más tarde.

— De chico. Cuando había lluvias torrenciales que saltaban las alcantarillas y hasta el agua rebosaba en las tazas de wáter.

Es casi mediodía, hace calorcito sabroso y da gusto pasear por mi tierra. El hotel queda además muy cerca de varias cofradías famosas —cristos y vírgenes pintados en azulejos, portones gigantes, gente que al caminar se persigna— y en cuanto entro —aire acondicionado— unas pantallas me informan de que tengo que seguir la flecha escaleras abajo.

Tengo como una especie de superstición de que las primeras personas con las que me encuentro en cualquier sitio ya me dan pistas del lugar, de la experiencia, de algo mío. La sala está al fondo, después del patio y otra vez al fondo, me informan desde un mostrador. ¿Tú vas también allá?, le pregunto a la mujer que me pisa los talones. Sí, contesta y acelerando para ponerse a mi vera. Lástima que el buenorro rezagado desaparezca en uno de los primeros salones.

La mujer se llama Claudia, viene de Argentina, su hija vive en España y ya ha participado en unos pocos de Congresos. Da un taller más tarde (Luego descubriré que tiene la Luna en Aries y Escorpio en el Ascendente y yo ya voy creando mi mapa mental de sinastrías, de por qué termino sentado al lado de aquella o charlando de pronto con este).

El salón es precioso. Modesto pero no pequeño. O será que todos tenemos tantas ganas de cosmos y de juntarnos después de dos años de espera. Me cae bien la luz, la temperatura, la distribución, el recibimiento de una de las organizadoras a las que sólo conozco por correo: Angie me da el programa, un llavero, una credencial con mi nombre y donde completar con la triada básica de cualquier carta, el Sol, Luna y Ascendente.

El programa del 37 Congreso Ibérico de Astrología. Para gustos, colores, aspectos y asteroides.

En seguida me siento en una de las últimas filas —apenas quedan huecos—, empieza el siguiente taller y a partir de ahí todo será una montaña rusa de opiniones, subidas, ascensos arriesgados y bajadas escandalosas. Te digo esto porque son un montón de ponentes, hay un abanico muy amplio de formas de acercarse a la Astrología, nunca llueve a gusto de todos y cada uno y una somos de nuestro padre y nuestra madre. O sea: que he tenido momentos espectaculares y otros para el cubo de reciclaje… pero para eso es mi crónica y si no, haberla escrito tú.

Vayamos con el primer taller al que asisto, el del mediodía. Transmutación de la carta natal. Los Congresos están vertebrados por unas charlas —de apretados cuarenta y cinco minutos— alrededor de las cuales orbitan unos talleres de hora y media de duración y que de costumbre se realizan aparte en salas más pequeñitas, en grupos reducidos, a veces simultáneamente e incluso con coste adicional o gratuito e independiente. En esta ocasión todo —talleres y charlas— suceden en el mismo lugar.

El tema de la ponente, Adriana Wortman —Leo, Escorpio, también sé que vive en Mallorca (así es mi memoria y eso que sólo la ha visto seis años atrás en Madrid)— no acaba de compensarme el madrugón: Jung, arquetipos, traer a la consciencia, sanar, vibración alta, vibración baja… como que toda esta terminología me da urticaria.

Reparte además unas plantillas para que las rellenemos de manera individual —¿qué aspecto nos gusta de nuestra carta? ¿cuál no? ¿qué nombre le ponemos a ese personaje?— y si bien por un rato, durante la puesta en común, la sala parece un retiro de Gestalt o de Constelaciones Familiares —de pequeña fui sometida a abusos, tuve tres abortos antes de ser madre, en mi interior vive una dictadora odiosa— tengo que darle el mérito a Adriana porque me resulta una estupenda comunicadora y maneja la sala con mucha frescura y chispa.

O lo mismo es porque trabaja con la Cábala, yo me inicié con una cabalística y entonces pierdo aún más la objetividad. Pero vamos, que disfruto de su taller y hasta acabo reconociendo las posibilidades de la Astrología como herramienta psicológica. Sin duda. Of course.

El problema que le encuentro a esta rama —la Astropsicología— es que, si tienes un poco de agudeza y sensibilidad, después de haber leído un par de libros al respecto, se te queda muy chica. Se te hace tan fácil que aburre. Por no hablar que equipararla con la Psicología —para la que hay que estudiar unos pocos más de años— ya me se me antoja un poco despropósito y hasta caradurismo.

De hecho, con todo el interés que lo aguardaba, el taller de Astrología Horaria sin embargo me decepciona.

La Astrología Horaria es super punkarra: lanzas una pregunta al cielo, levantas la carta para ese momento y obtienes tu respuesta. Es como echarte el Tarot pero a lo bestia e implica un montón de reglitas, triquiñuelas, un ojo muy entrenado y a veces horas de trabajo o incluso de dejar la carta que repose porque se vuelve un laberinto.

Y además la ponente, Nazaret Hermida —jovencísima— tiene un montón de artículos y se la considera una experta en la materia y es, de hecho, la encargada de organizar el próximo Congreso. Pues: o está nerviosa, o la gente tiene hambre, o se le cruzó la Luna o a saber pero, después de un rato muy nebuloso, el público empieza a levantarse y de pronto la sala se queda medio vacía.

Cuando termina apenas queda tiempo para un almuerzo rápido —un bocata, una cocacola, unos plátanos, un yogur que me bebo sentado en la Alameda— y en seguida estoy de vuelta en la sala. Entre tanto, pareciera que todavía llegó más gente. Desde detrás no pierdo ojo: está el club de fan que no para de hacerse fotos con José Millán; está Estrella Iturralde, Carmen de Hita, María del Mar, la de la escuela de Tarot; gente a la que saludo por su nombre pero que no tiene ni idea de quién soy; está Tito Maciá sostenido por su esposa —anda ya viejito Tito, hay que darle ánimos, dice alguien cerca—; está Rafa Cañete, el otro organizador, que se retrasó porque tuvo que poner un examen en el cole donde trabaja. Se oyen un montón de acentos deliciosos, tintineos de pendientes, de abalorios, de tobilleras, chanclas y sandalias. Rumor de abanicos. De faldas vaporosas. Está la mesa con bisutería y complementos astrológicos sacado de un paseo ibicenco. Y está la otra mesa con merchandising, que estos astrólogos además escriben libros y tienen que pagar el alquiler.

Magias vitales, a un lado mío se sienta y conozco a Jose Luis, que viene de Sevilla y con quien me había mensajeado para recomendarle alojamiento y dónde aparcar el coche. Del otro lado, Corinna, de Venezuela pero viviendo en Madrid, con la Luna y su Ascendente clavados sobre mi Luna y su Sol sobre mi Mercurio en Piscis (y yo sumo puntos y es que nada es casual).

Claudia, la mujer que me encontré en la mañana, arranca después del almuerzo con Astrogenealogía. Otra vez la sala se transforma en un pequeño enorme diván colectivo. El tema es interesantísimo: el descubrir cómo en nuestras cartas hay información sobre nuestros abuelos y abuelas, nuestra familia y árbol genealógico. Quizá la exposición peca un poco de generalista, pues iguala demasiados conceptos —Sol en Aries/Sol aspecto a Marte; Luna en Tauro/Luna aspecto a Venus— pero desde luego el público no deja de participar y corroborar las teorías de la argentina.

Al acabar, le digo a Corinna, la chica a mi lado y con mi misma Luna:

— Cuando pidieron testimonios sobre la Luna en Escorpio me callé como un muerto.

— Y yo —responde—. No voy a airearlo aquí delante de todo el mundo.

Claro, por eso tenemos la Luna donde la tenemos y por eso nos va como nos va.

Luego me aburro tanto que me salgo a por un café. El taller es de Astrología Armónica y yo tengo unos cursos en vídeo al respecto, de allá, del 2010, cuando estudiaba con Segundo Ruiz. No sé si esta teoría la desarrolló Miguel García, no me hagas caso, pero en cualquier caso resulta del contabilizar aspectos en el tema natal, desde la conjunción —armónico 1— hasta aspectos muy menores —el quincucio y semisextil, o armónico 12.

Los aspectos en mayor cantidad determinarán el armónico dominante de la persona y por tanto nos darían una descripción de esta. Yo no los uso en mis consultas, pero te puedo decir que con el programa Armon te salen unas cartas muy lindas y visuales casi para enmarcarlas. También te puedo decir que el cafecito que me tomé me supo a gloria y es que me estaba quedando sobado.

El puente de Santo Domingo, o puente de los alemanes, muy cerca del Congreso.

Y por fin llegamos a la Inauguración oficial del evento. Hay algo emotivo en el discurso de la pareja organizadora: de cómo hace dos años con la pandemia tuvieron que desbaratarlo todo; luego un año después seguía la incertidumbre y por algún momento estuvieron a punto de pasar el testigo y mandarlo todo al garete. Hay fuertes aplausos, celebración en el ambiente e inicia así la primera charla, o sea, los tres cuartos de hora cronometrados. El tema es la Casa II en el mapa natal y de acuerdo a unos aforismos de un clásico medieval astrológico.

Conozco a Rafa desde hace la tela —tienes una entrevista que le hice aquí—, me parece muy buen astrólogo y resulta super interesante contemplar la evolución de su carrera. De hecho, no lo veía en persona desde el Ibérico de Madrid, donde se estrenó con una charla sobre Astrología y la Terapia de Esquemas (o sea, Astropsicología a tutiplén). Ahora, seis años después, se presenta como un gran defensor de la Escuela Tradicional. Existe casi como un empeño en que esta apreciación quede clara para los oyentes.

Al final, estamos aprendiendo continuamente. Probando esto, probando lo otro. Una vez escuché a Adela Ferrer tirar por la borda ciertas teorías sobre las Estrellas Fijas que ella misma había defendido y a las que les había dedicado años y años de estudio.

Lo bueno es Rafa termina frivolizando sobre su propia charla y concluye que lo expuesto tampoco conduce a conclusiones definitivas. Que es más un experimento. O una excusa para acercarnos al libro y a su traductor, Yehuda ben Moshe, figura super loca del Toledo del siglo XIII, médico, lingüista, astrónomo y astrólogo.

La última charla aspira a una labor bastante jodida: establecer un patrón astrológico estudiando cartas de líderes políticos. Sergio Rivillo, el ponente, desmenuza todo el proceso y el tema es árido —matemático, diagramas de barras, estadísticas— pero honesto. Dentro de todo el esfuerzo y concentración que me supone seguir la charla, me quedo con un par de conclusiones: parece que en los líderes (y en las líderes) existe un peso muy importante de la Casa I, mientras que la Casa 7 pareciera la casa más débil (claro, la casa del Yo versus la casa del oponente, del rival). También destacan los casos de la Luna en casa 6 (la Luna, el pueblo, los votantes, en la casa 12 de la 7, los enemigos de nuestro rival).

O sea. El cerebro frito. Por eso agradezco que acabemos unos pocos al otro lado del puente, en una terraza, tapeando y sentados ante unos barriles enormes. Está Corinna —que detalla sus estudios a distancia con una de una profe de su tierra—, Damián —que lo conozco de unos cursos y tiene Marte sobre nuestra conjunción en Piscis—, Jose Luis —un combo fogoso Sagi, Leo y Aries— y Bea —de nuevo Escorpio, chilena, pero con Marte en Sagi en el Ascendente y que ha tenido tiempo de saltarse varias charlas del Congreso, montarse en bus, darse un baño en Nerja y regresar.

— Qué bueno que aquí no hay que andar buscando la manera de sacarle al otro el signo del zodiaco. Aquí se lee en la credencial o se pregunta directamente —dice..

Todavía me queda un rato de camino a casa. La noche es fresca y maravillosa. Llego y mis padres ya se han acostado y, a pesar del agotamiento, o quizá provocado por este y el atracón cósmico, no me puedo dormir.

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