A ver, lo reconozco: he tardado horrores en publicar este especial sobre la Luna en Géminis.

De hecho, incluso tardé todavía más en empezar a redactarlo —pasaban los meses, Mercurio se puso dos veces retro, en mi cole los críos no paraban de dar por saco (los críos = Mercurio) y yo andaba con la cabeza en mil sitios, mis propios talleres y mis propios estudios (de nuevo Mercurio y Géminis y la dualidad)

Es más, si pudierais ver ahora mismo mi mesa os sorprendería la cantidad de libros, apuntes —y las trescientas mil ventanas abiertas en Internet. O sea, más Géminis, impósibol.

Pero si bueno, si queréis reprocharme que no he he preparado este especial hasta ahora por vago, pues también me vale.

Lo bueno es que ya está: El mega chachipirulesco astromochilero imperdible repletito de info-fabulosa-de-esas-que-la-flipas especial de la Luna en Géminis.

¿Preparades?

La Luna en Géminis. La Luna y sus ciclos. 

La movida era que con estos especiales pretendo aportar un poquito de información buena y más allá de esa fotocopiada que se encuentra en todos lados, si no, ¿para qué?

Y la movida también era dosificar toda esa información a lo largo de los doce especiales y siempre buscando algún tipo de analogía y parentesco con la Luna en cuestión que tratamos. Un jaleo, yes.

De paseo por el barrio de Neukölln con Chaplin y Cantiflas, a lo Géminis.

De paseo por el barrio de Neukölln con Chaplin y Cantiflas, a lo Géminis.

Claro, Géminis es signo mutable y toda mutablidad implica cambio —alternancia, incluso desorden— así que… ¿qué mejor que concentrarnos un poquito en las fases de la Luna, un ejemplo super obvio del movimiento, los ciclos y de que nada es permanente?

Géminis nos viene ni que al dedillo. O como dicen por acá: es kommt wie gerufen… 

De manera que vamos a intentar reflexionar un poquito acerca de esas Lunas Nuevas y Llenas —los novilunios, novilunios; plenilunios, plenilunios— que siempre detallamos en los boletines y que —ya os he comentado tantas veces— nos sirven para elaborar un pronóstico de las siguientes cuatro semanas o lo que llamaríamos el mes astrológico.

Claro, a su vez, este ciclo lunar puede dividirse en secciones más pequeñas: tendríamos entonces el cuarto lunar creciente y el cuarto lunar decreciente (hay de hecho astrólogas que lo usan en Astromundial).

Pero es que todavía existen más divisiones del ciclo lunar y aquí aparecen nombres tan bellos como Luna gibosa, Luna balsámica y Luna diseminante. Muy poético y muy “conecta con tu guerrera interior” y lo que tú digas, pero querides, esto no es el Cosmopolitan y además ya hay al respecto mil infografías en internet.

Lo importante —al menos acá, a nivel astrológico y mochilero— es que sepáis que en Astrología, para el análisis de una carta natal también se puede hacer un estudio del estado del ciclo lunar.

Tranquis, que es muy sencillo…

Tenemos por ejemplo los clásicos de personas que nacen en Luna Nueva, novilunio, novilunio; y de quienes nacen en Luna Llena, plenilunio, plenilunio. Una Luna Nueva significa que nacen con el Sol y la Luna conjuntos —para muchos autores, señal de buena salud, poderío, popularidad, armonía en los deseos— mientras que una Luna Llena implica que nacen con la Luna y el Sol enfrentados —que podría traducirse como indecisión, desacuerdos en la familia, vaivenes entre la individualidad y fundirse con el entorno.

No son malas interpretaciones, pero acordaos de tomarla siempre con pinzas, miradlas con lupita y no generalicéis.

Claro, ¿y qué pasa con el resto de mortales? O sea, ¿qué pasa con no nace con Luna Nueva ni Luna Llena? Pues esto significa que: o tiene la Luna Creciente o Decreciente.

Sigo (y os va a encantar).

En Astrología Védica, que mola que te cagas, al periodo de Luna creciente se le denomina Shukla Paksha y se le supone beneficioso para el nativo o la nativa. Algo así como en estos casos la vida tiende a darte la oportunidad de aumentar —Luna creciente— tus propios recursos y talentos, de permitir que el triunfo llegue, de una  necesidad u obligación de mayor presencia social y bajo los focos, de la búsqueda de reconocimiento y acumulación.

Por otro lado, el Krishna Parksha —o fase decreciente— tiene un puntito que no es que sea maléfico pero sí menos poderoso, menos eficiente y con tendencia a la dispersión o —volviendo a un término de allá arriba— a la diseminación. Como que el individuo se desprende, en lugar de acumular o adquirir, se torna minimalista, de mucho hace poco, se desloma por una miseria o pareciera —aquí cito unos apuntes viejos sobre védica— que son sus estudiantes y sus parientes quienes se enriquecen a su costa. Si queremos verle el lado positivo: parece que aumenta la vida interior, a base de la merma externa. Que así sea y, de todas formas, no os toméis a pecho todas estas definiciones.

En lo que sí quería hacer énfasis es que —hayáis o no nacido en Luna Nueva o Llena— nunca está de más echarle un vistazo a la última lunación que ocurrió antes de que nacierais: o sea, el último novilunio o plenilunio que se dio y que en  Astrología Clásica se conoce como sicigia prenatal.

A ver, que tampoco quiero enredaros mucho pero que sepáis que  —lo creáis o no— en la antigüedad esta sicigia prenatal constituía uno de los puntos clave de cualquier carta junto con la Luna, Sol, el grado del Ascendente y parte de la Fortuna. Es decir, este es el paquete básico que se usa en Astroclásica para obtener información la vitalidad y el temperamento de la persona y por ejemplo el planeta dominante.

Así que os animo a volver a vuestra carta y echarle un vistazo: ¿qué tipo de Luna tenéis? ¿Creciente, Llena, Decreciente, Nueva? ¿Y sois capaces de asomaros a la última lunación antes de vuestro nacimiento? Muchos programas lo calculan, y si no, pues echáis mano a efemérides. Pero no es difícil. Marcar el punto en vuestra carta, con grado y signo. Por es importante.

Finalmente —y ahora sí que nos pondremos exquisitos— existe una técnica clásica, llamada Animodar que usan algunos astrólogos para rectificar la carta, esto es, para ponerle la hora bien ajustadita hasta casi el segundo y que toma, de nuevo como referencia, la lunación o sicigia prenatal de la persona.

 

La Luna en Géminis y, ya puestos, las Mansiones lunares.  

Estaba pensando que lo mismo este especial sobre la Luna en Géminis me queda más largo que de costumbre —todavía más largo— y que ya lo mismo se me fue la mano dando información.

Pero por otro lado, si pensamos en Géminis , ¿no va de eso. De atiborrarse de información y —mejor aún— de difundirla. De hecho, con la Luna en Géminis —pongámonos ahora un poquito del lado de la Astrología Psicológica— la persona se siente en casa —la Luna, el hogar— cuando habla por los codos. Supone una zona de confort, de protección, de seguridad en el que construye su propia escudo a base de palabras.

A ver, evidentemente con esta configuración pueden darse problemas de incontinencia verbal y de frivolidad y de cotilleo, pero en general es una Luna con mucha viveza y capaz de compartir contenido colorido, polifacético, entretenido y super guasón. Tiene en la recámara un arsenal de datos y malabarismos mentales.

Y aquí va, por cierto, nuestro arsenal de información extra. O lo que es lo mismo: las Mansiones Lunares o Mansiones de la Luna.

Igual que hemos hablado de la Luna y sus ciclos y divisiones —que si llena, creciente, que si balsámica y todo eso— en Astrología hindú o védica se clasifica el ciclo lunar todavía en cachitos más pequeños, los Nakshastras. Estos tienen que ver con el paso de la Luna cerca de una estrella concreta del cielo y, preparaos para la jarana, hablamos de un total de 27 parcelas o mansiones lunares. Casi na, chaval.

Sigo.

Esta idea de las mansiones lunares no es sólo de los hindúes, que conste. Los chinos, por ejemplo, también tienen un sistema parecido en el que dividen la eclíptica y el ciclo lunar en cuatro partes y a cada una le asignan un punto cardinal, un animal y un elmento. Eso sí, con los chinos encontramos 28 mansiones (siete por cada parte, con un total de cuatro partes, pues 4 x 7 = 28 casas lunares).

Finalmente llegamos a las mansiones lunares árabes —posiblemente las más conocidas en Astrología Clásica a pesar de que eran una mezclita de conceptos— y que también son veintiocho.

Lo importante o lo divertido es que cada mansión lunar tiene unas características y unas potencialidades: algunas sirven para viajar por tierra, las otras para derrocar a reyes, otras para viajar por mar o cortarse el cabello, sitiar ciudades y hasta ahuyentar ratones. O sea, que se usaban —y supongo que se usarán todavía— para realizar Astrología Eleccional, o sea, buscar el momento preciso más beneficioso para algo y la confección de Talismanes. ¡Pura alquimia, no?

Las veintiocho moradas de la Luna, casi na. ¿Y tú en qué morada la tienes?

Las veintiocho moradas de la Luna, casi na. ¿Y tú en qué morada la tienes?

Veamos el ejemplo de Géminis. La Luna puede estar en cualquiera de sus treinta grados y estos corresponden con tres mansiones en total (una que ya empieza a finales de Tauro, otra que va del grado 4 al 17 de los Gemelos y otra que continúa desde el grado 18 y se extiende hasta Cáncer).

Traduzco de manera libre la que va del grado 4 al 17 (la sexta mansión lunar). Lo mismo alguno de vosotros o vosotras tiene la Luna por ahí.

El texto dice, atentxs:

Para corromper ciudades, dañar enemigos, destruir cosechas, para cazar; para el aumento de propiedades del socio o la socia, crear amor y amistad y revertir el efecto de las medicinas. 

Ojo. No todas las mansiones suenan tan a lo salvaje. De hecho, podéis hacer búsquedas por internet y os aparecerán varias listas de sus significados muy fáciles de seguir —con el horóscopo sideral y tropical, también. No se trata de tomarlas al pie de la letra. Pero siempre añaden una pincelada más a la lectura de una carta.

Por no hablar de lo divertidas que resultan. Y eso también va Géminis. De la diversión, de las definiciones, de los juegos de palabras.

La Luna en Géminis. Domicilio de Mercurio. Aire. Mutable. 

Querides. En los especiales previos de la Luna en Aries y de la Luna en Tauro ya di las pautas básicas con las que se analiza cualquier, cualquier, cualquier planeta.

La Luna no se queda atrás y yo no quiero repetirme, así que leed los especiales previos.

En cualquier caso, tenemos el combo:

Luna + Géminis. 

Y Géminis lo dividimos en:

Mercurio, por ser su regente.

Aire, por tratarse de su elemento.

Mutable, por ser su modalidad.

Aquí hay una cosa muy interesante y es que tenemos a una Luna —de por sí movible, volátil, cambiante— que encima se está combinando con un signo cuyo planeta regente tampoco para quieto.

Y para más colmo de los requetecolmos, además se encuentra con una modalidad también de naturaleza inquietísma, esto es, la mutabilidad.

Para que lo entendáis de manera ecuación matemática:

Luna (movimiento) + Géminis [Mercurio (movimiento) x Mutabilidad (movimiento)] = El nativo o la nativa es puro nervio, megainquieto, intranquilo, revuelto, estresado, requetevolátil, parece capaz de multiplicarse y estar/necesitar mil lugares a la vez.

De hecho, cuando veamos a la Luna en Virgo —que ya llegará— volveremos a tener una combinación con tendencia al estrés y a la multiplicación —recordemos que Mercurio es domicilio y hasta la exaltación de Virgo.

Pero sin embargo, la Luna en Virgo tendrá un componente un poco más estable, sosegado e introspectivo. Esto se debe a que Virgo es signo de tierra y la tierra guarda parentesco con lo femenino, lo paciente, lo que aguarda y procesa.

Rosario Flores y su Luna en Géminis, inquieta, entre hermanos y hermanas, pura fibrilla y nervio.

Rosario Flores y su Luna en Géminis, inquieta, entre hermanos y hermanas, pura fibrilla y nervio. (Fuente. Wikipedia)

Géminis, al tratarse signo de aire, va como las motos, se mueve, corre y además lo exterioriza. El aire además tiene algo que en Astrología se conoce como humedad —este principio ya lo tratamos en el especial de la Luna en Tauro— lo que vuelve al nativo y a la nativa muy sociable.

Además, se trata de individuos no sólo de reacciones rápidas —siempre que no se de esta temidísima parálisis por análisis— sino que además buscan y provocan cambios de escenarios y un flujo continuo de información, intercambio y personas.

Pero dejadme que os lo reordene otra vez todo:

Mercurio: rige inteligencia, la manera de interpretar el ambiente (junto con la Luna), los hermanos, primas, los viajes, los intercambios, la compra y venta, el trueque, el comercio, los medios de comunicación, la juventud, el robo, la literatura, los debates, los barrios, las calles, los vientos, los mercados, las academias y colegios. Dice Morin que rige a las abejas, a los loros y a las serpientes.

Aire: ya hemos visto que tiene que ver con el pensamiento y la extroversión. Es un elemento de naturaleza sociable, muy curiosa, desapegada, que busca el diálogo, el debate, el compartir o refutar argumentos desde un punto de vista lógico.

Mutable: (también lo hemos visto) lo que cambia, lo que empieza pero no acaba; lo que sostiene pero se despista. Lo que cuestiona (por eso, al igual que el aire, se trata de una modalidad curiosa pero también indecisa). La modalidad mutable busca de alguna manera un equilibrio entre las modalidades cardinales y fijas y esto le otorga, además de versatilidad, cierto carácter mediador.

Cuantas cosas, ¿no? Ahora toca ponerlas juntas… y existen mil maneras.

Por ejemplo:

— Que el individuo con la Luna en Géminis tenderá a reaccionar de manera rápida, ingeniosa, muy variable, chispeante, juvenil y siempre apoyado en su arsenal mental.

— Esto es: Con la Luna en Géminis  analizo, cuestiono, curioseo y busco conexiones lógicas en todo que me rodea. Lo que pasa —y este es el punto un poco aterrador de esta Luna— es que a su vez voy a autocuestionarme mis propios razonamientos: ¿por qué he pensado esto o por qué reaccionado así o asá?… Y claro, en este retroalimentar puede surgir un bucle del que la Luna no es capaz de salir y que la aboca a ciertos colapsos mentales (todo esto mientras lee, sale con colegas, trabaja y hace otras mil cosas: a fin de cuentas, es Luna multitasking).

— Recordemos que la Luna constituye nuestra primera forma de acercarnos al ambiente y de fundirnos con él. Esta Luna lo hará preguntando, interesándose por quienes tiene al lado, proponiendo temas de conversación interesantes, añadiéndole gamberreo, planes B y un montonazo de sentido del humor. Siempre hemos de tener en cuenta el regente de cada Luna. Como se trata de Mercurio y este rige a la adolescencia, pues dará a los nativos y nativas una chispa juvenil que no suele desfallecer con los años.

— Si tanto la Luna en Aries o en Tauro tienen cierto carácter solitario, con la Luna en Géminis os podéis imaginar la necesidad abrumadora de contacto social y, cuanto más variable, pues mejor. Es el típico caso de quien va a vuestra cena o cumpleaños pero luego se disculpa para ir a otra fiesta o a otro compromiso. Ojo, que una cosa es ser animal social y otra ser dependiente: esta Luna es desapegada y cambia de ambientes y círculos sociales como cambia de opinión, escenario o intereses.

Listado de cualidades, virtudes y defectillos de la Luna en Géminis. 

La lista se forma sola ya con todo lo que hemos hablado: flexibilidad, inquietud, rapidez, versatilidad, locuacidad, gracia, habilidad manual, talento literario, capacidad de persuasión, gusto por la anécdota, interés vital (esto es algo muy bonito de las Lunas de aire, su curiosidad las mantiene vivas), independencia, desapego, cientifismo, multitarea.

Claro, salen defectos: volubilidad, frivolidad, falta de compromiso, estrés mental, impaciencia, gusto por el chismorreo, duda, inconstancia, parálisis por el sobreanálisis, demasiado uso de la lógica, escepticismo cruel y huida de lo sentimental o emocionalmente intenso.

Es interesante porque, por un lado, esta Luna en Géminis puede ser megacolega para añadirle humor a cualquier drama, aportar otros puntos de vista y verbalizar —Géminis— las emociones —Luna.

Pero en el momento en que sea necesario un trabajo un poquito más profundo, doloroso, terapéutico o esotérico, despídete. Esta Luna echará su bombita de humo y cambiará de tema o se habrá despistado porque le faltan herramientas para trabajar en el plano emocional.

De nuevo es el caso típico de la persona que atraviesa un duelo —sea una ruptura amorosa, la pérdida de un trabajo o las secuelas de una enfermedad— y su manera de buscar soluciones será merodeando el asunto de manera intelectual: charlando de mil maneras sobre él, empapándose de libros o de tutoriales de youtube y en definitiva barajando mil puntos de vista y de información (en esto se parece mucho a la Luna en Libra sólo que para Luna en Libra no hacen falta todas las posibilidades: el eje de la duda se mueve entre dos polos muy bien definidos).

Cuando la Luna transita por Géminis. O por qué mis miércoles son siempre un jaleo. 

En los especiales previos os he dado pistas de qué se puede hacer cuando la Luna transita cada signo. Esta vez os voy a narrar cómo me fue ayer, miércoles (día de Mercurio), y justo con la Luna en Géminis, ya que me parece muy ilustrativo.

(Que conste además, que mis miércoles siempre son un jaleo, pero ayer ya es que fue un despelote).

Madrugón porque tenía una consulta de una carta natal. Después en bicicleta hasta el colegio a darles clase a adolescentes. Los miércoles tengo también guardia en el recreo, hay que estar pendiente de los balones de fútbol y de baloncesto, de los críos que se pelean, de quien se olvida el tupper con la comida. De ahí, regreso a casa en bici para dar clases online de español para adultos. En la pausa leo unos textos literarios que me han pasado unos colegas. Voy justo de tiempo así que copio uno en un programa del ordenador para que me lo narre mientras preparo algo de picar. Sigo con la clase online. De nuevo en bicicleta me planto en el barrio de al lado para un taller literario. Se leen textos, compartimos opiniones, títulos de libros, autores, autoras. A la salida cervecita y chismorreo. Vuelta a casa y mi madre me envía fotos de mi hermano y un vídeo. Hablamos por teléfono. Me llama otro colega. Ceno. Respondo unos correos. Me meto en la cama. Leo otro rato y a dormir.

Como veis, la crónica está llena de referencias a la Luna en Géminis. Podéis incluso coged colores y subrayadlas. Lo importante es que entendáis el flujo de intercambio (intelectual, más que nada), de ambientes sociales y de escenarios.

Y por supuesto que puede generar cierta ansiedad, pero es verdad que esta Luna está preparada, es afín este ajetreo y lo busca, lo provoca, le sirve como refugio y para recargar las pilas.

Os dejo para finalizar unas cartas muy chachis del Tarot para que reflexionéis sobre ellas. La primera es la carta de Los Enamorados que, al contrario de lo que opina mucha gente, no tiene tanto que ver con el amor como la necesidad de escoger, de decidir, de hallarse en una encrucijada o de aprender a hacer malabarismos con las opciones que tenemos.

Esta carta siempre me ha resultado de una gran fuerza geminiana (aunque vale que también podría ser de Libra, a fin de cuentas, Cupido anda arriba apuntando con la flecha).

Tarot para la Luna en Géminis. Talismanes. Alquimia.

Tarot para la Luna en Géminis. Talismanes. Alquimia.

Por otro lado, os dejo el arcano número I, el Mago —o en francés, Le Bateleur— que es la carta con la que arranca la serie de los Arcanos Mayores (siempre que dejemos de lado al Loco) y que lo mismo puede ser truhán, malabarista, negociante o vendedor. Tiene a su disposición los cuatro palos puestos sobre su mesa y a partir de ahí surge la idea creativa, el viaje y hasta la conexión divina.

Pensad que en Astrología Clásica Mercurio tiene su gozo en la casa I (es  planeta neutro) y por tanto se encuentra bien situado en el Ascendente, ayudando en los inicios.

Finalmente, y a modo de curiosidad, para que aquellos que queráis o andéis inmersos en un proyecto literario, de estudio o de redacción, siempre podéis recurrir a la ayuda de La Papisa. Este es un arcano lunar, introspectivo, de gestación: en realidad, nada que ver con el movimiento apresurado de la Luna en Géminis. Sin embargo, La Papisa suele ser representada con un libro (un libro que algunos relacionan con la Torá u otras escrituras sagradas).

Quedaos en cualquier caso con la idea de que puede ser un magnífico talismán, carta de acompañamiento y meditación para vuestros impulsos, apoyos y ayudas ante bloqueos enfrente del ordenador, de ese puñado de apuntes y de esos libros para el examen o las oposiciones. Dadle saludos de mi parte y un gran Ahoi.

***

En fin, se acabó. Que menudo mamotreco. Como siempre, recordad que podéis seguirme por facebook, instagram , youtube y twitter y que me encanta que compartáis por aquí y por allá. 

Hablando de la Luna en Géminis —que tiene que ver con el aprendizaje y los cursillos— sabéis que a finales de febrero volvemos con los talleres de Astrología. Todavía estáis a tiempo de apuntaros y sabéis además que lo vais a flipar porque aprendemos mucho y muy diferente a las recetas precocinadas y a lo fast food astrológicas que circulan en el 90 por ciento de los libros y manuales. Aquí en la Mochila se cocina Astrología muy orgánica, muy práctica, nutritiva y sabrosona.

Por cierto que esto ya del alimento casi nos engancha con nuestra próxima Luna… ¡La Luna en Cáncer!

Bueno, acordados de opinadme. Me encantará responderos. El resto de la info de los talleres está por aquí y para el resto de consultas, pues a info@mochilastrologica.com.

Nos leemos pronto. Nos hablamos. Nos vemos.

Gracias,

Emilio

 

 

 

 

error: Content is protected !!

Venga, brujis, dime dónde quieres 

que te envíe mi regalo cósmico

Manual para (no tan) principiantes

Oye, ¿pero tienes ya los regalitos?

Díme dónde te los envío

 

Manual para (no tan) principiantes