Sabes que hace unas semanas estrené un podcast, el Mochicast, donde te comparto pequeñas pildoritas cósmicas: apuntes curiosos del cielo que siempre pueden ayudarte a seguir aprendiendo Astrología y, por supuesto, a aprender y a pasarlo bien.

Bueno, pues en el último episodio le metí mano al concepto de la secta en al carta natal. Y como soy tan empollón, o insoportable —o ladilla, como dicen en Venezuela— te he escrito también este artículo para completar la información y profundizar todavía más en este tema del que podemos sacar todavía muchísima más información.

Vamos a ver, por ejemplo, qué pasa con el maléfico contrario de la secta o cómo esta clasificación puede ayudarnos a encontrar los planetas más fuertes o más débiles en toda carta. Pero sobre todo, y esto es lo que más interesa, lo que quiero es que reflexiones sobre lo poco válidas que pueden ser a veces las recetas generales y facilonas en Astrología.

O lo que es lo mismo: tenemos como individuos tanta riqueza, recovecos, matices y genuinidad como nuestra propia carta. Y eso explica por qué mi retorno de Júpiter quizá no sea tan fabuloso como el tuyo, o tus tránsitos de Saturno te den más duro que al resto; o de pronto te identifiques más con tu Sol o tu Luna (o tu ambiente lo perciba de manera más notable; o sea, de manera más visible).

De manera que desde Ya te recomiendo (re)escuchar este episodio del Mochicast antes de continuar leyendo.

Luego, y esto está chupao, tienes que saber reconocer si tu carta —o la carta a la que te asomes— es diurna o nocturna. Tienes ya unas infografías muy mochileras, pero te las vuelvo a pasar por aquí.

Sol arriba. Carta diurna. Mochila Astrológica.
Esto está chupao. Si tienes el Sol arriba, tu carta es diurna.
Esto está chupao. Si tienes el Sol abajo, tu carta es nocturna.

Con esto ya sacas un montón de información. Y es muy guay porque —esto lo repito a menudo en los talleres— porque la Astrología tiene un fuerte componente visual, super honesto y lógico.

Quiero decir: da igual que seas de carta diurna o nocturna. Lo que te tiene que quedar claro es que todo aquello que quede encima del horizonte siempre quedará más expuesto, más a la vista y por tanto más evidente y fuerte para bien y para mal. Lo que queda debajo incluirá un tono algo más reservado, íntimo, algunos podrían incluso llamarlo débil. En cualquier caso, quédate con la idea que aparece más escondido y oculto.

En cualquier caso, y más allá de este hermoso detalle, lo que nos interesa aquí es seguir destilando más información de si tu carta es diurna o nocturna.

En el caso de que sea diurna, tienes a un equipo que juega a tu favor: una secta, la secta diurna. Y en esa secta juegan, participan, colaboran el Sol, Júpiter y Saturno (esto está más que mega explicado en el Mochicast).

O al contrario, si tienes una carta nocturna, pues tu equipo —tus bazas fuertes, tus planetas que quieren echarte una mano u, ojo, hacerte menos mal o sea, tu secta nocturna— lo componen la Luna, Venus y Marte.

Se nos queda Mercurio, ese tremendo chaquetero, ese camaleón planetario. Mercurio será diurno o nocturno según aparezca en el horizonte antes o después que el Sol y, sin ánimo de liarte mucho, te paso un truquito para averiguar en qué secta juega este planeta (a fin de cuentas, algunos cálculos se pueden hacer a ojo, como niños, con un poco de imaginación y funcionan super bien).

En ese caso, vas a coger y mover tu Sol y toda la carta (o sea, con todos los planetas) hasta que el Sol se posicione en el Ascendente. Tienes que hacer un mini esfuerzo visualizador. Pero el resultado sería el siguiente.

Si al rotar el Sol hasta tu Ascendente Mercurio queda sobre del horizonte, entonces tienes un Mercurio oriental, o sea, un Mercurio diurno.

Mercurio diurno. ¿Juega o no en tu equipo?

Si con el Sol sobre el Ascendente, Mercurio se queda debajo del horizonte, entonces se le considera un Mercurio occidental, o sea, un Mercurio nocturno.

Mercurio nocturno. ¿Juega o no en tu equipo?

¿Queda claro? Pues al loro con estos detalles y ojo que, aún así, seguimos generalizando.

Pero valga aquí la regla.

Los planetas que jueguen en tu secta (incluyendo Mercurio, que puede o no puede estar de tu lado), serán planetas que funcionen mejor, que dignifiquen sus significados y que mitiguen sus males.

O dicho de otra manera: en una carta diurna tienes a tu favor al Sol, al buenazo de Júpiter y hasta al cabroncete de Saturno (en el caso de Saturno tiene un poco restringida su faceta más malvada).

Y en el caso de carta nocturna tienes a tu favor y dándolo todo a la Luna, a la cachonda de Venus e incluso al porculero de Marte, que, de nuevo, tiene su peor cara un pelín más limitada.

Recuerda que Mercurio podrá ayudarte o no, según tu carta sea diurna o nocturna y según la posición de este.

Pero es que ahí no queda la cosa. Toda secta, o toda carta, va a tener lo que se llama un enemigo o maléfico contrario a la secta. O sea, un planeta que puede fastidiar más de la cuenta (esto que repito de que cada carta es única, plural y mega chachi).

Eso es muy fácil de averiguar. En cartas diurnas, el maléfico contrario a la secta será Marte. O sea, que Marte en función de sus dignidades (o sea, posición por signo), así como por casa, aspectos y otras casas que rija, puede jodernos un poco más la marrana.

De la misma manera, en cartas nocturnas, el maléfico contrario a la secta será Saturno. Y más de lo mismo: Saturno siempre corta, restringe y fastidia. Pero en cartas nocturnas juega con más alevosía en nuestra contra (siempre teniendo en cuenta el resto del tema natal).

¿Viste qué interesante? Con esto te animo a que sigas bicheando en tu carta y en la gente que te rodea. Vas a ver que hay gente que reacciona mejor a determinados tránsitos maléficos y otros que se vuelven mierda; y lo mismo con tránsitos teóricamente bonitos (esto de que Júpiter armoniza, trae ganancias, mejoras, crecimiento y prosperidad… y de pronto pasa el año y ni te enteraste). ¿Y sabes por qué? Pues porque tu carta será la que siempre manda, determina y modula eso que llega desde arriba.

A buen Júpiter natal, buenos Júpiter vitales. A un Saturno moderado natal, Saturnos moderados a lo largo de este viaje. Y así de oca en oca.

Es más, esto tiene un porrón de otras aplicaciones un poquito más complejas pero no por ello menos ricas. Por ejemplo, si trabajamos con lo que se llaman los Señores del Tiempo, es decir, subdividiendo la vida del nativo en distintos periodos regidos por un planeta en concreto, no será lo mismo el que atraviese un periodo de Saturno y lo tenga medio bien puesto en el natal, que el que lo tenga hecho una porquería en el natal y le toquen los famosos siete años de mala suerte.

Finalmente, y aquí ya sí que te dejo, que sepas que el tema de la secta puede ser trabajado con mucha más filigrana. Por ejemplo, una vez determinado si la carta es nocturna o diurna, se puede seguir examinando la calidad de cada planeta. Digamos que tengo una carta diurna, con el Sol arriba: Vale, sí, pero… ¿está el Sol en signo masculino o femenino? ¿Y en qué cuadrante me cae? De ahí sale luego un concepto llamado haíz, una especie de dignidad que vuelve al planeta poderoso para la persona y que quizá te detalle en otro artículo.

En resumen, como ves, seguimos viendo la cantidad de detalles que hacen de tu carta —de cada carta— todo un universo de aprendizaje, experiencias, desafíos y magia. No generalicemos. No juzguemos tan rápidamente a las personas por tal Sol o Luna, o tal aspecto. Observa, experimenta, cuestiona y sigue aprendiendo. Y siempre diviértete.

Ahí te dejo.

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Recuerda que tienes ese Manual Astrológico de rechupete para descargártelo y que la tribu mochilera ya lo tiene para seguir aprendiendo, hubo quien lo imprimió, hubo quien lo compartió por aquí y por allá. En fin. Si todavía no te lo descargaste, si todavía no eres parte de la tribu, no sé a qué narices espera. Es muy fácil y sólo tienes que hacer clic acá.

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El resto ya te lo sabes. Que puedes seguirme por un montón de portales no energéticos: facebook, twitter, instagram, ese Youtube del que ya toca vídeo para agosto, que para eso estrenamos mes.

Gracias. Dankeschön. Grazi. Merci. Спасибо большое!

Emilio

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