Otras veces se cuela con mayor sutileza, pero este año, en Berlín, la primavera ha entrado de sopetón, por la puerta grande y casi sin llamar. Sucedió en el puente de Semana Santa: pasamos del granizo y los nueve o diez grados a los diecisiete o más de veinte y, como además, se produjo el cambio de hora, de pronto, la claridad del día se estiraba hasta pasadas las ocho de la tarde. Ya no necesito prender los faros de la bici al salir del trabajo, me acalora la chaqueta que escogí en la mañana y he de cuidarme, si circulo por las aceras, de tanta silla y mesa en las recién estrenadas terrazas. Los parques vecinos -Hasenhaide, el Gleisdreieck , el Görli- se han repoblado de familias y jóvenes que asan a la barbacoa, beben cerveza o corren detrás del frisbee. Y yo, ante esta explosión de vida, pedaleo en un estado de frenesí y autoerotismo insoportable, pues deseo estar en todas partes y siento que mi cabeza va estallar de planes y el corazón también. Tengo ganas de gritar, de saltar, de tirarme por la ventana y salir volando. Si me la pego, ¿qué importa?  Si seguro que, con tanto, optimismo, reboto y ni me hago daño. Soy pura primavera. Ni más ni menos.

Por supuesto, aquí, en Berlín tampoco podemos fiarnos tanto: ayer llovió, por ejemplo; hoy, amaneció nublado. En España, la sabiduría popular señala la imprevisibilidad de las fechas y nos aconseja que Hasta el cuarenta de mayo, no te quites el sayo. O, como en el refrán que titula este artículo, nos advierte de los agitados efectos de la estación. Y es que la primavera no deja indiferentes.

Claro, además, todo lo que sube, baja. Fijaos que tanto desorden efusivo coincide con la temporada de alergias, con cuadros recurrentes depresivos -el llamado trastorno afectivo estacional- y con alteraciones en la calidad del sueño. En mi caso, amanezco con carraspera, me pican los ojos y la nariz a muerte y en la oficina me llevo la medalla en el recuento de estornudos.

Desde el punto de vista astrológico la primavera del hemisferio norte coincide con la entrada del sol en el signo de Aries -el bebé del zodiaco, el ingenuo, el primero: por eso se le considera una época idónea para iniciar proyectos. Parece que la vida -y el zodíaco mismo- volvieran a nacer. De hecho, los astrólogos predictivos estudian la carta del día en que el sol ingresa en Aries -el llamado grado cero de Aries– y, basan en ella sus pronósticos mundiales para el año completo. Por cierto, que las alergias están más relacionadas con el eje Virgo/ Piscis.

En cualquier caso, hoy no vengo a hablaros de astrología sino de Medicina Tradicional China (MTC). Mis conocimientos apenas alcanzan alguna que otra lectura o la valiosa información que mi amiga Pelona comparte, pero he de reconocer que la visión global de los chinos me apasiona. Su cosmología se basa en el eterno fluir con el Tao, la teoría del ying y el yang y la de los Cinco Elementos -agua, madera, fuego, tierra y metal-, en una búsqueda continua de resonancia entre los fenómenos de la naturaleza y el ser humano. Algo así como que, dependiendo de la estación del año, hemos de actuar de una determinada manera u otra. Así, los chinos han elaborado una serie de recomendaciones específicos para cada época que incluyen  consejos de alimentación, ejercicios físicos e incluso emociones a trabajar. Fijaos que la MTC -al igual que el ayurveda– aspira a la prevención mediante la búsqueda de equilibrio y esto se hace poniendo, a veces, un poquito de aquello; quitando, de pronto, un poquito de lo otro. Así, una y otra vez, se preserva la salud. Se cuenta que en la Antigüedad, los médicos chinos sólo cobraban sus honorarios si la gente permanecía sana.

Pero veamos qué nos dice la MTC sobre la primavera.

La primavera corresponde con el elemento madera y se la describe como cualquier estado de nacimiento, de florecimiento; representa todo aquello que comienza a crecer  y se desarrolla libremente. Se corresponde con la infancia del hombre, la creatividad, la independencia, las ganas de jugar (fijaos la analogía con el signo de Aries). La primavera también nos habla de flexibilidad, del impulso vital y de una explosión incontrolable de energía (esa energía que hemos almacenado en nuestro interior durante el invierno).

Sus órganos internos son el hígado y la vesícula biliar. De los sentidos, rige a la vista y los ojos (recordad los picores, el lagrimeo, la sensibilidad a la luz). Su color es el verde; su emoción, la ira y su sabor, ácido. Mentalmente se relaciona con la claridad mental: nuestra capacidad para centrarnos, tomar decisiones y estructurar.

De acuerdo con la teoría de los Cinco Elementos, un desequilibrio en la madera se manifestará en el individuo tornándolo obsesivo, controlador, extremadamente inflexible (exceso de madera) o, por el contrario, le restará chispa, entusiasmo, capacidad de decisión y ganas de vivir (ausencia de madera). A su vez, esto se reflejará en patologías como migrañas, tendinitis, dolores de ciática, estreñimiento y un largo etcétera. Por enfermedades, que no falte.

Bueno, me diréis, ¿y entonces qué hacemos?

A ver. Entonces se trata de mantener al elemento madera lo más equilibrado en nuestro organismo. Para ello, la MTC recomienda:

– Ponernos hasta arriba de verduras de hoja verde. El verde es el color de la primavera. Así que venga lechuga, brócoli, rúcola, espinacas, acelgas, alcachofas, espárragos y judías verdes, perejil, guisantes, repollo, pepino, rábanos. Algunos de estos alimentos son ricos en clorofila y contienen niveles óptimos de hierro, mineral importantísimo para evitar la anemia ferropénica, cuyo carencia se asocia con síntomas como la debilidad y la astenia.

– Experimentar con los sabores ácidos: limones, limas, vinagre, chucrut.

– Entre las frutas, sobre todo: albaricoque, cerezas, ciruelas, frambuesas, fresas, níspero, plátanos, melocotones y, por supuesto, la pera.

– Los germinados: sí, sí, todas esas semillitas que brotan, que nacen; esos retoñitos como la soja, la avena, los guisantes, la alfalfa,  fuente ideal de vitaminas, minerales y enzimas.

Para que entendáis: lo que pretendemos es refrescar nuestro cuerpo, que, de alguna manera, se halla sobre acelerado por la llegada de la estación. Por eso también se aconseja evitar la energía caliente de alimentos picantes, carnes rojas, café, alcohol azúcar y, en definitiva, todo lo que nos subleve aún más. Si ya vamos como locos en la primavera, no nos embalemos aún más. También es bueno introducir cocciones más ligeras que en invierno: menos horno y olla a presión y más salteados, escaldados y al vapor.

Durante la primavera es interesante tomar conciencia de cómo gestionamos las emociones, sobre todo la ira y la rabia. La MTC nos invita a mostrarnos flexibles, a contar con la imprevisibilidad -tan típica de la estación- y a defender nuestra voluntad de una manera sana y espontánea -la comunicación en todo momento- para evitar que el resentimiento se acumule en el interior, causando estragos posteriores.

Por último, los chinos le otorgan a esta estación una arrolladora fuerza creativa que nos permite dar forma tangible a aquellos proyectos, a aquellos sueños que sólo somos capaces de tramar en nuestra imaginación. Pues bien: ahora es el momento de usar nuestra energía creadora a tope y trabajar duro para que esos sueños se hagan realidad.

*

Lo cierto es que, cualquiera, al leer el artículo me podría objetar que estos consejos no dejan de ser un manual básico de salud -más verduras, menos carne, menos alcohol- pero es que los chinos no se andan con las ramas: proponen un estilo de vida práctico basado en el sentido común. Así de sencillo. Además, ¿quién os dice que combinando sus conceptos con otros más occidentales –antihistamínicos naturales contra las alergias, infusiones de melisa para la mejoría del sueño, suplementos de magnesio para sintetizar la serotonina- no podríais vivir una primavera romántica e inolvidable?

Al final, todos tenemos derecho a un viaje alegre y saludable. Y no sé tú, pero yo no voy al médico y, encima, me encuentro de maravilla. Así que atrévete a vivir más sano: Merece la pena con creces.

Y ya para terminar -de verdad de la buena- os dejo con un cantecito del Camarón, dedicado a La Primavera, faltaría más. ¡Mil gracias por leer!

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